El Proyecto ZHAM participa en la Mesa Redonda "Experiencias en humedales de Granada" (Parque de las Ciencias)

3/2/17.-

COMENTARIO SOBRE LA “MESA REDONDA «EXPERIENCIAS EN HUMEDALES DE GRANADA»”

Guillermo García-Contreras Ruiz
Contratado postdoctoral Juan de la Cierva, Universidad de Granada
Investigador del proyecto I+D+i “ZHAM: Utilización y ocupación de las zonas húmedas en la Andalucía medieval” (HAR2014-56365-P)
Email: garciacontreras@ugr.es

El pasado 3 de febrero se celebró en la Sala Gutenberg del Parque de las Ciencias una Mesa Redonda dedicada a las zonas húmedas de Granada con motivo del Día Mundial de los Humedales que se conmemoró el día anterior, 2 de febrero. La actividad estuvo organizada por la Unidad de Calidad Ambiental Secretariado de Campus Saludable, en el marco de colaboración de la Universidad de Granada con la junta de Andalucía par ala realización de actividades de educación y sensibilización ambiental.
Aproximadamente unas sesenta personas asistieron a la denominada Mesa Redonda, una cifra realmente notable habida cuenta del intempestivo horario, un viernes de 20:00 a 22:30 horas.
La denominada en el programa como “Mesa Redonda” fue en realidad una sucesión de breves presentaciones, un total de 5, impartidas por representantes de instituciones, administraciones y asociaciones vinculadas con la gestión, protección, investigación y/o divulgación de distintas zonas húmedas de la provincia de Granada. El acto contó con la presidencia en el acto de inauguración de María Inmaculada Oria López, Delegada Territorial de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio en Granada, y Javier Sánchez Gutiérrez, Director-Conservador del Parque Natural de Sierra Nevada.
La primera intervención corrió a cargo del Personal Técnico de la Delegación Territorial de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de Granada. Dos miembros de la Unidad Móvil mostraron la metodología y resultados del seguimiento de aves acuáticas en la provincia de Granada. Describieron y analizaron la población de especies invernantes de aves acuáticas cuyo seguimiento realizan en 33 humedales de la provincia, en lugar de únicamente la docena que hay catalogados como tales, incluyendo además de lugares clásicos como la laguna de El Padul o el embalse de El Negratín, otros lugares como las charcas que se han formado en las abandonadas minas de Alquife o las pantanetas y embalses artificiales de Güejar Sierra. El seguimiento de aves mediante censos viene realizándose desde 1992. Aunque en los últimos años ha habido un cierto descenso del total de aves (3754 en 2017, 3034 en 2016, 3754 en 2015), aseguran que en términos generales la cantidad es más o menos mantenida desde el año 2004, sólo con pequeños altibajos. La metodología empleada para esta cuantificación es la observación con prismáticos y contabilización manual de estos animales en las áreas húmedas, actividad que se realiza siempre por parejas y durante no más de 20 o 25 minutos por humedal, y toda la provincia en no más de una semana, para evitar así que el desplazamiento de las aves provoque un doble recuento. El registro de las aves identificadas se realiza sobre un modelo de fichas de campo en el que se anotan cuestiones referentes al clima que hay el día en que se realiza el censo. En cada zona húmeda se usan distintos puntos de muestreo, que tratan de ser los mismos año tras año, con pequeñas variaciones que pueden deberse al cambio en el volumen de agua del punto de observación. Así, por ejemplo, en el embalse del Negratín este último año 2016 se han realizado 11 puntos de muestreo. En este embalse del Negratín se han contabilizado en 2017 344 aves, frente a las 320 identificadas en 2016, 589 en 2015, 265 en 2014 o 227 en 2013, destacando especies como la Garza Real, la Gamota patiamarilla, el Porrón Común o el Somormujo. Por su parte, en la Charca Suárez se han contabilizado 275 aves en 2017, frente a las 179 en 216, 288 en 2015, 259 en 2014 o 416 en 2013, destacando el Ánade Real, el Porrón Común o la Garceta Común entre otras.
Hay que señalar que esta cuantificación de aves se realiza en paralelo a la toma de parámetros en los mismo humedales. En Andalucía, que cuenta con el 17% de los humedales de todo el Estado Español, comenzó a realizarse esta toma de parámetros desde finales de los años ’90. En Granada, concretamente, se toman estos parámetros en más humedales que los que hay censados como tales, incluyéndose zonas húmedas como las de Zafarraya o las lagunas de Albolote. Estos parámetros se registran en una ficha, e incluyen cálculos de PH, temperatura, salinidad, conductividad, oxígeno disuelto o profundidad máxima.
La segunda intervención, ofrecida por miembros de la Asociación Herpetológica Granadina, estuvo dedicada a las charcas
. Es decir, no a los grandes humedales con amplias láminas de agua en superficie, sino a las pequeñas extensiones de agua, las humildes charcas, que se reparten por toda la provincia, muchas de las cuales son de carácter temporal y fluctúan dependiendo del clima o de factores antrópicos. Se ofreció una somera clasificación de estas charcas dividiéndolas en Charcas ganaderas, como la charca del Puerto, en Zafarraya, por poner un ejemplo; Charcas de riego, generalmente ubicadas en zonas de montaña y muchas realizadas tiempo atrás, en época medieval, que son mantenidas por agricultores y ganaderos; los Encharcamientos entre cultivos, muchos de los cuales están afectados por problemas fitosanitarios; o las charcas en canteras abandonadas, que conllevan numerosos problemas legales. Todas ellas comparten una gran riqueza en especies, desde anfibios a reptiles, aves o invertebrados. Como ya se ha dicho, algunas de estas charcas desaparecen de un año para otro, como ocurre con la de a Alfarnate (en provincia de Málaga) o la Charca de la Parrilla, que no ha desaparecido del todo pero que es notable el decrecimiento del número de especies, sobre todo anfibios. Otras charcas han desaparecido totalmente y no se espera su recuperación natural aunque se invierten esfuerzos para ello, como una charca en Güejar Sierra, en el límite de Quentar. Otras del mismo municipio, como la Charca de Fuente Fría se han recuperado gracias a Fondos FEDER. Por otro lado, también es notable la aparición de nuevas charcas debidas a construcciones y necesidades contemporáneas, o el interés de algunos particulares que bien sea con fines productivos o bien con fines lúdico-recreativos recuperan algunos de estos espacios. La parte final de esta charla estuvo dedicada a las actividades educativas medioambientales, cuya importancia y necesidad es notable sobre todo desde la infancia. Se subrayó el papel de las Ecoescuelas, como la del Ave María que ha sido pionera a nivel mundial al reintroducir el gallipato en el valle del rio Darro. Se argumentó, quizás como un guiño a los políticos allí presentes, que la Administración no puede ocuparse de todo ni llegar a todos sitios, y que son las asociaciones de profesionales y voluntarios los que deben llenar este vacío. Si no, la desaparición de anfibios como el tritón pigmeo, el gallipato, la rana meridional, el sapo de espuelas o el sapo moteado será definitiva.
La tercera charla fue impartida por Pepe Larios, de la asociación Buxus, y estuvo dedicada a la Charca Suárez (Motril). Se tata de un espacio único y diferente a otros humedales de la provincia por estar situado a escasos 400 m de la playa y asediado por construcciones contemporáneas. De manera muy breve se expuso su origen y evolución histórica, comenzando 6000 años a.C. cuando la línea de costa se aproximaba a las estribaciones montañosas, se marcó una evolución geográfica e histórica íntimamente ligado a la construcción de un paisaje cultural de la casa del azúcar que comienza con la conquista árabe a partir del siglo VIII, y que supuso el paso del delta a la vega. Tras un repaso a cartografía y fotografías históricas, con especial incidencia en la llegada de la máquina de vapor a la industria azucarera entre los siglos XVIII-XIX o la existencia de un amplio humedal llamado El Jaul en los años ’30, se pasó a exponer de una manera tan crítica como gráfica los problemas derivados del desarrollismo de la costa andaluza en los años ’70 y ’80. Desde el PGOU de Motril de 1983, cuando la zona de la charca era considerado suelo urbano, se expuso como la Asociación Buxu luchó con todos los medios posibles, y sin apenas recursos, por frenar los planes de hacer desaparecer el humedal, combinando la militancia y el activismo con actuación de voluntarios y con la investigación científica, y haciendo una gran labor en pro de crear vínculos afectivos entre la sociedad y el humedal, por ejemplo, haciendo que los niños tuviesen nidos de madera para pájaros. Finalmente, en 2003 se consiguió inaugurar una parte de la zona protegida, que desde entonces se ha mantenido en 14 ha. Gracias a Fondos FEDER se han ido realizando caminos, observatorios, carteles informativos y folletos, abriéndose al público en 2006 y consiguiendo la Declaración como Reserva Natural Concertada en 2009. Se hizo entonces un Plan de uso y gestión del humedal que ha servido como guía, motivando cambios en el PGOU municipal y teniendo como objetivo último no sólo la conservación de la actual extensión protegida de la Charca Suárez, sino incluso su ampliación. Tras eso, Pepe Larios concluyó con una rapidísima exposición de todas las actividades que se realizan en la Charca, tanto de investigación, como, sobre todo, destinadas a su uso público, desde la celebración de días mundiales, la existencia de un centro de formación, charlas en colegios, o un aula destinada a personas con autismo o con movilidad reducida. Y a todo ello hay que sumar la gran cantidad de publicaciones, cuadernos, fichas, folletos
o actividad en la red que lleva la asociación Buxus. Es de esta forma que se ha logrado que en 2016 hubiese 110 grupos de visita organizada, que haya en la actualidad 133 voluntarios, o que haya unos 10.000 visititantes anuales de media, así como también el reconocimiento, bien a la asociación o bien a la propia charca, de varios premios nacionales e internacionales.
La penúltima charla, quizás la que hemos encontrado más alejada del tema de los humedales, fue impartida por Miguel Ángel Molinero Ramos de AUCA, la Asociación de Voluntariado Ambiental de Santa Fe, y estuvo dedicada a las “Experiencias en cursos fluviales de la Vega de Granada”. Desde los orígenes de la asociación a finales de los años ’90, se han llevado a cabo multitud de actividades encaminadas a llamar la atención sobre la existencia en la vega de Granada y su entorno inmediato de varias zonas húmedas prácticamente desconocidas, como el canal de la fuente de la Reina o el canal de los Ojos de Viana, así como otra en la zona del río Cubillas, o en general, ambas orillas del río Genil. Para esta mesa redonda, el ponente decidió centrarse en el arroyo Salado y sobre todo el tarajal existente poco antes de que el arroyo salga a la vega propiamente dicha. El proyecto llevado a cabo hace algunos años entre biólogos y voluntarios demostró la importancia ecológica de este corredor verde que une las tierras de El Temple con las de La Vega, tanto por su flora como por su fauna. Entre esta última, destacan anfibios, galápagos, varios tipos de mamíferos y sobre todo aves. El ponente mostró distintas actuaciones que han afectado a los valores ecológicos y medioambientales del arroyo y las medidas que la asociación está intentando tomar para su protección.
Finalmente, la última ponencia fue imaprtida por José Manuel Rivas Fernández del Aula de la Naturaleza “El Aguadero” del Padul. Su intervención estuvo centrada en los humedales y la turbera de el Padul, quizás la zona húmeda más conocida, y reconocida, de Granada. Explicó cómo se formó el humedal desde hace aproximadamente unos 10 millones de años, atendiendo fundamentalmente a los condicionantes geológicos, orogénicos e hidrológicos, pasando a exponer la aparición de restos de hasta 5 mamuts que vivieron en el entorno hace aproximadamente 30.000 años, o exponiendo de manera muy sucinta el poblamiento romano y árabe que hubo en la zona. Concluyó esta parte de la exposición hablando de la desecación que lleva a cabo el conde de Villanueva en 1779, antes de lo cual su extensión era de unas 700 ha (13.000 marjales). Esta desecación se realizó mediante unos canales de drenaje o “madres”, que llevan el agua hasta el río Dúrcal. Aún así no se drenó en su totalidad, quedando algunas zonas húmedas. En los años ’50, a consecuencia de la expansión de los campos de cultivo en la posguerra, se llegó al culmen de la desecación del humedal. Sin embargo, a partir del año 2010, el abandono de la explotación de la turbera de El Aguadero, en tan sólo un año, se volvió a formar una laguna de 25 ha aproximadamente, y lo mismo ocurrió con otras áreas de extracción de turba que han ido dando lugar a la formación de charcas y pequeñas lagunas. Tras esta introducción histórica y geográfica a la laguna de El Padul, el ponente pasó a cuestiones referentes a la flora y fauna, en las que el fuerte clima continental que tiene el municipio influye sin lugar a duda. El carrizal ocupa casi 40 ha, mucho más que la enea y los juncos que son las especies vegetales que le siguen en importancia, sin desmerecer el bosque de rivera que circunda la laguna (con sauces, álamos y tarajas). Entre los animales, destacan algunos peces autóctonos, como el cacho, y otros introducidos en los ’80 como la carpa común. Son muy importantes los anfibios (rana común, sapo común, sapillo pintojo, sapo corredor, gallipato, galápago leproso, salamanquesa) y distintos tipos de culebras, erizos, topos, ratas, comadrejas etc. En los últimos años también han aparecido algunos jabalíes que bajan de la sierra. Pero si por algo destaca la Laguna de el Padul es por sus aves, contabilizándose mas de 200 especies inventariadas (garza imperial, pato cuchara, aguilucho lagunero, rascón europeo, martín pescador, carricero tordal, buscarla pintoja…).
Estos valores naturales han atraído a 7675 en 2016 al Aula de Naturaleza, que no son ni mucho menos todas las que visitan la laguna. Entre las actividades que lleva a cabo esta Aula destacan el inventario de Aves, el Censo de aves acuáticas, el censo de rapaces y sobre todo el anillamiento, ya que llevan más de 30 años con esta actividad, contabilizándose 43.569 aves anilladas entre 1985-2016, de las cuales 122 especies distintas. Este anillamiento no sólo tiene una fin científico, sino que, al hacer participe de ello a personas en edad escolar o gente voluntaria, se hace hincapié en el valor de la educación ambiental. El Aula ha organizado además durante 6 años Campos de Trabajo, algunos internacionales.
Como puede verse en este resumen de la Mesa Redonda, el acto estuvo centrado fundamentalmente en cuestiones medioambientales y ecológicas. El tono del acto fue fundamentalmente divulgativo e informativo. Aunque el nivel de los ponentes fue muy elevado y sus intervenciones más que acertadas, sí que se echaron en falta algunas
ausencias, toda vez que tampoco se explicó a qué fue debida la elección de los intervinientes. Así, por ejemplo, echamos en falta la participación de investigadores bien universitarios o bien del C.S.I.C. dedicados al estudio de los humedales en la provincia de Granada, así como también algunas otras asociaciones como pudieran ser Agnaden, Ecologistas en Acción u otros. El público asistente, entre los que pudimos notal algunos miembros de estos colectivos ausentes como ponentes, ánimo la parte final de la actividad, en el turno de debates y preguntas, con cuestiones a los ponentes sobre aspectos dudosos o no expuestos; sacando a colación otros humedales no mencionados como El Baíco, El Margen, Los Arenales (debajo de la Cárcel) o el Charco del Negro (Loja). Igualmente hubo tiempo para criticar ciertas prácticas y modelos de gestión en estos humedales, lo que conllevó a su vez la réplica de la Delegada de Medio Ambiente y el Director del Parque Natural allí presentes.
Nos gustaría llamar la atención sobre un par de aspectos que desde nuestra perspectiva de científicos sociales, fundamentalmente histórica y arqueológica, nos resultaron un tanto problemáticos. En primer lugar, el manido recurso a una exposición histórica sobre cualquier contexto medioambiental fruto de un relato lineal y decadente que sitúa en un pasado mitificado la existencia de una naturaleza en su estado óptimo, que desde la aparición de las comunidades humanas, éstas no han hecho más que destruir de manera progresiva hasta llegar a nuestros días. No se tiene en cuenta, por poner sólo un par de ejemplos que tienen que ver con las charlas, que la propia formación de la Charca Suárez es resultado de la acción humana sobre el medio, tanto deforestando el monte lo que facilitó la sedimentación hacia el Delta, como sobre todo mediante canales para aportar agua o drenar, según el caso, que conformaron la vega en la que se originó el humedal. El segundo ejemplo lo tenemos en El Padul, donde ya desde finales de época medieval y principios de época moderna se documentan extensiones de campos de cultivo a costa de la laguna, y la creación de distintos canales de riego, afectando al humedal con anterioridad a su drenaje a finales del siglo XVIII, pudiendo haberse producido una recuperación del mismo al abandonarse esos campos de cultivo medievales. En cualquier caso, son cuestiones que conviene tener en cuenta y abordar en el proyecto que nos ocupa.
Finalmente, conviene anotar, así mismo, un cierto sesgo de género en la Mesa Redonda. Salvo la Delegada que presidió el acto, ni uno sólo de los intervinientes invitados fue una mujer, y a pesar de que entre el público asistente más de la mitad eran mujeres, sólo una intervino en el turno final de preguntas. Lo que podría pasar simplemente por anecdótico, no lo es dado que, casi sin excepción, la ausencia de mujeres suele ser la norma en este tipo de eventos.