Notas sobre el Campo de Dalías

Antonio Malpica Cuello

5/5/17.-

El Campo de Dalías y sus humedales

En un magnífico artículo (Ojeda Zújar, José, «Salinas marítimas: marco geográfico y ambiental», en Pérez Hurtado de Mendoza, Alejandro (ed.), Salinas de Andalucía, Sevilla. 2004, pp. 147-168, concretamente pp. 164-168) se nos informa de la formación de salinas en la costa mediterránea y se nos describe, necesariamente, el espacio geográfico en donde se insertan y sus distintos aprovechamientos. En efecto, el análisis de las áreas en donde hay o ha habido explotaciones salineras, obliga a marcar una diferencia entre las tierras dedicadas al cultivo y aquellas otras en las que la opción más lógica es la obtención de sal. En todos los casos, espacios antropizados, unos más que otros, con un origen natural y/o humano. A fin de cuentas zonas húmedas de cierta importancia. Dentro de las tareas de investigación llevadas a cabo en nuestro proyecto ZHAM hemos prestado una especial atención a dos áreas concretas (Campo de Dalías y Cabo de Gata, ambas en la provincia de Almería). En ellas se puede observar la existencia de albuferas y lagunas, de un lado, y salinas de otro. No obstante la dinámica de los últimos tiempos, con una sobreexplotación de los recursos naturales ha supuesto cambios muy significativos, hasta el punto de invertir la situación de partida por mano del hombre.

Ofrecemos una primera introducción que destaca los principios geomorfológicos, para más adelante hacer un recorrido histórico no demasiado detallado. Por supuesto que destacamos la capacidad salinera y la técnica de obtención de la sal del agua marina, con el objetivo de entender la evolución del territorio. Finalmente iremos detallando los casos concretos que hemos estudiado hasta el momento. Si bien en el presente artículo nos fijamos en el Campo de Dalías, para en otro hacer lo propio con Cabo de Gata. Como en el conjunto del Mediterráneo, la costa que va de Málaga a Almería tiene una cadena costera, dividida en diferentes Sierras. Están separadas entre sí por estrechos pasos longitudinales que permiten su comunicación con las tierras situadas más al norte. La montaña a veces cae directamente al mar, con escasas zonas llanas. Las elevaciones tan cercanas a la línea de costa han determinado que los ríos tengan pequeñas cuencas, que vayan muy encajados a veces, con un importante desnivel de altitudes que posibilita, junto con un régimen pluviométrico en donde se dan lluvias en ciertos momentos paroxísticas, hace que la capacidad erosiva muy importante. Es así como se produjeron aportes sedimentarios, en algunos puntos muy rápidos y de evidente densidad.

Los ríos y las ramblas existentes excavaron cauces profundos en la plataforma continental, que estaba emergida con respecto al mar, que entre 18.000 a 20.000 años estaba más bajo, unos 100 m con respecto al actual. Una transgresión marina, la flandriense, hace 6.000 a 6.000 años, dio lugar a una subida del nivel marino y la inundación de los cauces existentes. Se formó así una costa muy recortada y con profundas ensenadas. Es así como se integraron los cauces finales del ríos y ramblas en un sistema marítimo, en donde se han identificado puertos y desembarcaderos ya de época fenicia y, por supuesto romana, que servían para la explotación de recursos naturales terrestres y marinos. De la extracción minera a la práctica agrícola, llegamos a la explotación de la pesca y de la sal. A partir de esa realidad se fue configurando otra que es la que hoy percibimos más directamente. Las ensenadas navegables que se relacionan con los tramos finales de los ríos, se fueron colmatando por la erosión de las áreas montañosas próximas, acentuada por las deforestaciones, asociadas a las explotaciones mineras y a la producción de azúcar de caña. La aportación de sedimentos hacia la línea de costa ha sido mayor que la posibilidad de distribuirlos por los movimientos marítimos. Es así como se han ido formando deltas más que marismas.

En algunos puntos se crearon barras litorales, playas-barrera que aislaron depresiones interiores e hicieron posible la formación de albuferas, destacando las de Cabo de Gata y las del Campo de Dalías. La diferencia en cuanto a los sedimentos hace que los suelos fueran aptos para un desarrollo agrícola de cierta importancia, en tanto que los otros puntos quedaron para la explotación de sal. Hay que tener en cuenta, además, que la existencia de sierras calizas ha permitido una acumulación de aguas fósiles en los espacio llanos, existiendo un manto freático de importancia. Entre este y el agua marina se establece una relación que ha llegado a romperse por la extracción de la dulce en proporciones elevadas con objeto de la puesta en valor agrícola de forma masiva en determinadas áreas. Es el caso de lo que se aprecia en el Campo de Dalías. Este espacio configura un espacio litoral de gran interés dadas las condiciones favorables que presenta para la ubicación de salinas, pues hay terrenos bajos y zonas húmedas que conectan con el mar. Se ha ido ganando terreno al mar debido a la existencia de formaciones arenosas, como flechas litorales, islas barreras. Su límite interior está en un acantilado que definía la línea de costa de hace 6.000 años. La dinámica litoral y la existencia de esa plataforma continental hicieron posible que se acumularan sedimentos arenosos. Fueron colmatando espacios, pero entre ellos fueron quedando otros inundados por agua marina de forma directa o por infiltración hasta formar albuferas y lagunas, que en buena medida han permitido la existencia tanto de humedales, como de salinas, en su mayor parte ahora sin explotar. Las salinas, su situación y formas de explotación Los humedales que hay en esta área del Campo de Dalías, como en otros puntos de la costa mediterránea andaluza, han permitido crear salinas desde tiempos más o menos antiguos, si bien la imagen que poseemos se refiere fundamentalmente a los siglos XIX y XX, cuando amplias áreas se dedican a la sal. Parte de un tratamiento del agua salada, en buen medida procedente del mar.

La existencia en algunos casos de desniveles y espacios cerrados en el contacto con el mar a causa de barras litorales ha facilitado un tratamiento del agua. El suministro, sin embargo, tuvo que ser permanente para lo cual se hicieron zanjas y/o túneles que permitieron llevar el agua desde el mar hasta las salinas. Unas compuertas que en un principio eran de madera, que han dejado huella en la tradición oral y en algunos casos siguieron siendo visibles, aunque ya de metal, los cerraban y regulaban el paso del agua según les interesaba. En ciertos puntos se instalaron en fechas más recientes bombas que facilitaron el movimiento del agua salada hacia el interior. Siguiendo el sistema conocido desde época romana, aunque quizás la práctica era incluso anterior, desde los fenicios, se depositaba en grandes balsas en donde se concentraba formando una salmuera. Estas grandes balsas, llamadas también calentadores, permitían la primera fase de la producción, si bien era necesario conducirla, una vez conseguido el nivel adecuado, a una serie de piletas en las que se formaba la sal, que era recogida en ellas y puestas a secar al sol. Una vez seca se apilaba en montones y en algunos casos se guardaba en almacenes que servían para impedir que la humedad le pudiera afectar. De ese modo, aunque no había mareas que permitieran la subida del agua y llenar las grandes balsas, tanto los temporales marítimos como la existencia de zanjas hacían posible el movimiento del agua salada hacia el interior, en algunos casos con desniveles de cierta entidad que almacenaron charcas y lagunas. El Campo de Dalías Ibn al-Jatib, autor granadino del siglo XIV (en su Miyâr al-ijtiyâr, edic. y traducción de Chaban, Mohammad Kamal, Rabat, 1977, p. 123 de la traducción), escribe: «Posee [Dalías] amplias praderas, en donde pasta el ganado; y por consiguiente su riqueza agrícola es tan importante como la pecuaria. Hay salinas que producen sal permanente». O sea, hay una vida agrícola con espacios irrigados que convive con la ganadería, que se mueve desde la Sierra Gádor a las llanuras costeras, en donde se produce sal. Tenemos, pues, que el territorio en su conjunto se organiza a partir de la relación entre la montaña y el llano, con una actividad marítima en la que la pesca y el comercio de la sal tienen una fuerte presencia (Malpica, Antonio, «Fiscalidad y comercio de la salen el reino de Granada en la Edad Media», en Hocquet, Jeab-Claude y Palme, Rudolf (eds.), Das Salz in derRechts- und Handelsgeschichte, Berenkamp, 1991, pp.65-94, concretamente pp. 72-75. Sin duda esta zona tiene una actividad económica que ha ido transformándose con el tiempo, hasta los años actuales en los que la agricultura de invernaderos es la principal. Eso ha supuesto un cambio radical en el paisaje. En los años 60 del pasado siglo aun era perceptible la existencia de una dedicación ganadera en amplias áreas en las que los cultivos prácticamente se reducían a puntos muy concretos y no había apenas población. El Campo de Dalías es una extensa llanura de unas 28.000 ha. En él se distinguen tres áreas diferenciadas. La primera está formada por llanuras aluviales que a veces son conos de deyección de cierta importancia. Se han formado por derrubios torrenciales dada la capacidad erosiva existente. Cubren depósitos anteriores de la llanura costera. La segunda área está formada por materiales pliocenos cubiertos por gravas y guijarros resultado de la abrasión marina en el momento en que se encontraban en la línea de costa. Sobre ellas encontramos dunas fósiles. Por último tenemos la que se encuentra al mismo borde del mar, depresiones marginales que no se han podido dedicar al cultivo, en donde hay charcas y espacios de explotación salinera, también se han formado albuferas y lagunas saladas. El Campo tiene dos espacios más o menos claros: el oriental, con un núcleo principal que es Roquetas de Mar, que llega hasta Punta Entinas, un zona húmeda protegida, que tiene hacia el oeste actualmente la urbanización de Almerimar; y el occidental, en donde encontramos El Ejido, con Balerma y Balanegra que son sus límites por el mar, y allí se halla Guardias Viejas, con unas salinas hoy perdidas, pero aun reconocibles. Se pueden identificar varios complejos salineros y humedales. De oeste a este son: —Salinas de Guardias Viejas: Cerca de los Baños, antiguamente en uso (Madoz, Pascual, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, 1845-1850, s. v. Berja y Dalías), había una explotación salinera, en desuso a partir de lo años 90 del pasado siglo. Durante un tiempo quedaron huellas de los estanques, bastante extensos, y de una casa almacén. Había restos de una zona húmeda en donde se hallaban aves acuáticas. Se ha perdido la comunicación con el mar. — Humedal de Punta Entinas-Sabinar: Es un paraje húmedo protegido. Su extensión es importante. Un cordón de dunas lo separa del mar. Ocupa una franja de varios km de la costa a los Alcores, que es un relieve que las cierra. En esta reserva natural distinguimos cuatro ambientes diferenciados: playas arenosas, sistemas de dunas fijadas por matorral mediterráneo, zona de salinas (Cerrillos y Salinas Viejas) y pequeñas charcas, que sirven de abrigo a una gran variedad de aves acuáticas y son zona de escala de ellas en sus migraciones. La vegetación muestra las condiciones ecológicas de la zona, pues hay barrilla, lentisco, espino negro, sabina negra, entre otras especies vegetales. Aquí había dos salinas diferenciadas: las de Cerrillos, al oeste, y las Viejas, al este. — Salinas de Roquetas: Al borde del mar, en las proximidades de Roquetas de Mar, quedan muy escasos restos en lo que hoy se conoce como Playa de las Salinas. Hasta hace unos años, finales de los años 80 del siglo XX, eran reconocibles el estanque de concentración y las piletas de cristalización, así como un túnel que conducía el agua hasta la gran balsa citada desde el mar, con una compuerta que dejaba entrar o detenía el agua del mar. Hoy está casi desaparecidas. Se denominan las Salinas de San Rafael. Estaba prevista la creación de un campo de golf, dada la significación turística de la zona, pero está en discusión su destino final, proponiendo un parque. Las distintas actuaciones humanas a lo largo del tiempo señalan una evolución en el paisaje y en el poblamiento. Si tenemos en cuenta que la pluviosidad media en la zona del Campo de Dalías se sitúa en 315 mm, casi semidesértico. En superficie no hay cursos de agua que merezcan tal nombre, pues solo encontramos ramblas que no llegan al mar. Hay que exceptuar la llamada Rambla Honda y la de San Antonio. En sentido contrario, la masa caliza de Sierra Gádor suministra agua dulce creando un gran acuífero subterráneo que ha sido explotado por medio de norias que la extraían y, más recientemente, por motores que la bombean. Un repaso a las formas de poblamiento y un mínimo análisis de la evolución de los asentamientos se impone. La ocupación romana tiene relación muy directa con la vida marítima, según se ha analizado en el yacimientos en la ensenada de Los Bajos; en ella se encuentra dos unidades bien diferenciadas: una restinga natural al sur y el muelle al norte, este último definido por una estructura arquitectónica de hormigón de 40 m a 50 m de longitud que se apoya en el fondo, a unos 2 m de profundidad. Pero en los siglos finales de ese período hubo una importante transformación. Las ciudades fueron abandonadas en el siglo VI, como ocurrió con Adra, una fundación de época fenicia, y en el VII, caso de Urci y Murgi, en tanto que Berja (Vergi) se mantuvo. La ruta marítima decayó notablemente. Se aprecia en el yacimiento situado en la Ribera de Algaida, entre un saladar denominado La Charca y la Rambla Honda, a 3,5 km de Roquetas de Mar. Presenta una ocupación desde el Cobre, en tanto que en la parte occidental se han identificado cerámicas ibéricas y tardoibéricas. Este asentamiento se define como Turaniana (Cara Barrionuevo, Lorenzo y Cara Rodríguez, Jorge, Roquetas de Mar. Historia y arqueología, Almería, 1994, pp. 44-49). De ese modo, se abandonó el borde de la costa, aunque con un cierto mantenimiento de las actividades costeras, como se aprecia en Torrequebarda. Un encastillamiento posterior debió darse en cerros que controlan espacios estratégicos. Se trata de asentamientos que controlan pasos estratégicos, como El Castillejo y el Cerro de los Moros, en Guainos, cerca de Adra, se encuentran en elevaciones sobre espacios cultivados (Cerrillo de Almohara, en Dalías). En el siglo VIII, con la llegada de los árabes se produjo una cierta recuperación. Así, se documentan pequeños asentamientos que se permiten cultivar los fondos de las cañadas y se sitúan en suaves lomas, Se debe seguramente a los udríes, tribu árabe establecida en Dalías y a los Banu Hasan, en Berja. En el siglo IX el poblamiento está reconstruido nuevamente, aunque sobre nuevos presupuestos. Se documenta la instalación de una población, al noroeste y noreste de la ya mencionada Torre Quebrada, que fue destruida en los primeros años 60 del pasado siglo. En todo caso, hasta fechas más tardías no se encuentra una red de poblamiento bien definida, con alquerías, como la al-Bayanis, que quizás haya que relacionar con Bayyana, y que debe corresponder al yacimiento llamado Las Hortichuelas, situado en una elevación que prolonga la Sierra de Gádor. Cuenta con estructuras defensivas y con un área de cultivo irrigada que se asemeja a un oasis de wadi, tan abundantes en el N de África. En el siglo X se establece de forma mayoritaria el poblamiento basado en la explotación de tierras irrigadas. En el siglo XII se puede hablar de una gran transformación, con la generalización de la economía agraria a partir de la explotación de tierras irrigadas. Desde los primeros sigos medievales se observa una puesta en valor de las actividades marítimas y un tránsito por medio de barcos, que en fechas posteriores, sobre todo en el siglo XII, cuando las fuentes escritas definen el espacio marítimo con claridad, pues, además de al-Bayyanis, en el extremo oriental del Campo, tenemos Nubaira o Banayra, en el occidental. Si bien la actividad ganadera fue muy importante, con los animales que bajaban de Sierra Gádor y la Alpujarra, en época nazarí se documenta una puesta en valor de tierras ya irrigadas. Tras la conquista castellana quedó una amplia extensión casi vacía, aunque se continuó explotando la sal de las zonas de ese Campo. Hasta fechas más recientes no se produjo un cambio espectacular, con la sobreexplotación de los acuíferos subterráneos y la implantación generalizada de los invernaderos. Las zonas húmedas al borde del mar se han ido reduciendo. Las salinas han desaparecido casi en su totalidad. Por otra parte, la extracción de tierra para los invernaderos ha generado una serie de lagunas por infiltración, como la que existe en Las Norias de Daza, cual es la Balsa del Sapo, y la Gravera, en El Ejido y Roquetas, respectivamente. Los años lluviosos, como 2010, han traído consigo un importante aporte de agua dulce, si bien la salinización se nota en algunos casos, que ha supuesto la subida del nivel freático con la consecuente pérdida de cosechas y aun inundaciones de casas y garajes. La Naturaleza está vida y lucha contra los ataques humanos. La sobreexplotación de los recursos ocasiona desequilibrios que se vuelven en contra de los intereses de los actores.


Antonio Malpica Cuello.