Notas y reflexiones sobre el Altiplano de Granada

Antonio Malipica Cuello

4/5/17.-

En el amplio territorio elevado y rodeado de sierras que conocemos en el ángulo noreste de la provincia de Granada y dentro de la esquina noroeste de la de Almería, encontramos una serie de tierras dedicadas a las actividades ganaderas desde tiempos históricos y que aún se mantienen con esa función principalmente.

Destacamos los siguientes, que han generado espacios ganaderos amplios, pero que los centraremos en puntos de aguas que se pueden considerar fuentes y, consiguientemente, humedales, dada la amplitud que tienen. En su mayoría están en áreas de contacto entre el altiplano y la montaña, o sea, en la ruta que seguían los ganados cuando subían o bajaban del llano a las cumbres, y podían parar en ellas por la existencia de agua para que pudiesen abrevar. La masa caliza de la montaña acumula aguas que brotan en el contacto con los materiales arcillosos del fondo del llano. Son los siguientes:

El paraje de la Alfahuara está a unos 5 km de la población actual de María, en la provincia de Almería y en la Sierra de aquel nombre, bajando en dirección a Orce, antes de llegar al denominado Campo de María. Todo ese paraje era de uso ganadero, como queda documentado en los tiempos finales del reino nazarí. Los testimonios arqueológicos que se identifican, especialmente los grandes aljibes allí existentes, prueban que el espacio era empleado para la cría de ganado en su tránsito del llano a la sierra, y viceversa, seguramente desde tiempos almohades (siglos XII-XIII), si no antes.

La Alfahuara propiamente dicha es un conjunto que parece estar al servicio del ganado. Aun cuando se puede considerar un abrevadero gracias a la fuente que brota de las rocas calizas, se ha de pensar que cumple funciones de humedal, si bien limitado en su extensión y con unas características propias. Encontramos en él múltiples elementos. Al este hay un nacimiento de agua que, como queda dicho, mana de las rocas. Por medio de un pequeño canal llega a acumularse en una gran alberca que hoy de halla cercada. Tal vez sea para impedir que el ganado entre y pueda ahogarse dada la profundidad que tiene. Se ha de considerar un gran depósito para acumularla. Encontramos un abrevadero que sirve para que el ganad, actualmente cabras y ovejas, puedan beber agua, que sale desde el nacimiento. Hacia el noroeste existe un edificio que bien podría ser una pequeña vivienda para pastores o para gente que viviera allí. Hoy está arruinado. Por fin aparece una ermita aún en uso. Es esta la que consagra todo el espacio y, por tanto, le confiere una carácter religioso y protegido por su santificación. Algunas casas, con corral en un caso al menos, se hallan por debajo y enfrente de la mencionada ermita. Mientras esta, como se ha dicho, permanece en pie y en buen estado, las otras construcciones aparecen arruinadas. Da la impresión de que este conjunto, que se completa con un grupo de edificios mejor conservados y en uso residencial actualmente, era en lo que se percibe en torno a la fuente y abrevadero y a la ermita de uso esencialmente ganadero. Ha de interpretarse como un sitio que tuviese la función de controlar el ganado en el paso del llano a la montaña y por eso estuviese protegido por su carácter religioso y así evitar conflicto en los movimientos estacionales de los animales y de sus pastores.

Algo similar puede pensarse que ocurriese en el paraje de las Santas, en el medio físico de La Sagra, donde encontramos una montaña de cierta altitud que cierra por el norte el altiplano. Es aquí donde está el santuario de las santas Alodía y Nunilón, mártires cristianas a manos de los musulmanes, que simbolizan la confrontación de dos religiones y dos culturas en oposición, pero asimismo algo más.
Se sitúa a varios kilómetros de Huéscar y de La Puebla de D. Fadrique. Todas estas tierras en un primer período tras la conquista castellana, fueron señorío del Condestable de Navarra, D. Luis de Beaumont; luego del Duque de Alba. Fue aquel quien introdujo el culto a estas mártires. Se celebra su fiesta el lunes después de Pentecostés, con una gran romería en la que se lleva a cabo el robo de las imágenes.
El escenario es ese paraje de las Santas en donde hay diferentes construcciones. En el extremo este se encuentra la ermita, que actualmente es un edificio nuevo y extenso. Ha debido de sustituir al antiguo. La puerta y las ventanas son de arcos de herradura hechos de ladrillos. Es un edificio grande para una simple ermita, quizás por la necesidad de agrandarlo ante la creciente importancia de la fiesta y de la devoción. Hacia el este hay un área de aseos para dar servicios a los fieles que allí acuden el día grande. Más allá, a oriente encontramos una vivienda recreativa.
Hacia el oeste hay un canal de agua que desciende en siete tramos en total. Sirve para unos bancales que hoy no están cultivados, salvo que se mantienen algunos árboles, pero también para conducir el agua a la parte baja en donde podría abrevar el ganado.
Más hacia el oeste aun, ya separado del conjunto, encontramos un cementerio que parece haber estado en uso hasta hace poco tiempo.
Podríamos definir todo como un michar, o pequeña explotación agraria, pero más bien habría que considerarlo como un espacio sacralizado. Se halla en un paraje de sierra, en dirección al pico de La Sagra, de algo más de 2.300 m de altitud. Cabría interpretarlo como un santuario para asegurar el control del ganado que sube y baja del altiplano a la montaña, y viceversa. El espacio que allí hay lo posibilita y la abundancia de agua permite que el ganado abreve. En ese sentido es un humedal controlado y encauzado desde la parte alta a la baja, en donde se recoge en una cañada.

Contamos aún con un conjunto específico en las inmediaciones de Huéscar. El llamado lavadero de lanas de Parpacén. Si bien es un área recreativa y se usa como tal, no tiene las características que presentan las conocidas como Fuencaliente.
Nace el agua de un manantial que almacena allí una importante cantidad que se distribuye por varias acequias que sirven para regar los campos cercanos. Todo el terreno está lleno de juncos y otra vegetación de humedales. Aunque no es muy extensa la acumulación de agua, da lugar a una pequeña laguna, a donde a veces acuden aves acuáticas para reposar en sus desplazamientos.
En una pequeña elevación al oeste, un poco, no demasiado, retirada del nacimiento, hay un asentamiento romano en el que hemos podido identificar terra sigillata y cerámica romana común. Se encuentra en una pequeña elevación por encima del espacio húmedo. Se le denomina Parpalén al asentamiento, hoy parcialmente ocupado por un cortijo y campos de labor.
Parpacén fue empleado como espacio para el ganado en la época de máxima explotación ganadera del conjunto oscense.

Antonio Malpica Cuello